Friday, October 21, 2011

GENEROSO JIMENEZ (1917 - 2007)

GENEROSO JIMENEZ (1917 - 2007)
Cuénteme de sus orígenes.
Oye tu sí que te fuiste lejos.
Nací en Cruces, provincia Santa Clara, un 17 de Julio del año 1917, el mismo día que murió un tío mío, hermano de mi padre, que se llamaba Generoso Jiménez García. Muriendo él naciendo yo. La madre de mi padre era García y mi madre también. Por eso soy Generoso Jiménez García.

¿Se dedicó a la música desde niño?

A los diez años fue que empecé a estudiar la música. Cuando tenía 7 años, nos mudamos para La Habana. Mi padre trabajaba en la compañía de Arquímedes Pous, una compañía de teatro antigua del género bufo, de aquellas del negrito, el caballero, el gallego, el cocinero, la mulata y toda esa serie de desprestigios, típicos de aquella época. ¡Aquello era un fenómeno! Mi padre tocaba el trombón de pistones, mi tío la trompeta y mi abuelo el clarinete. Una vez a la semana daban un concierto en mi casa, donde iban los músicos sinfónicos y de la popular, y yo filtrando. Entonces a los 10 años mis padres se separaron y me fui otra vez para Cruces con mi madre. El director de la escuela que era al mismo tiempo el maestro de cuarto grado, me dijo, – ¡no serás hijo de Pucho! –, y yo le dije – ¡si, ese mismo es mi padre!– Eso valió mucho. Me preguntó que pensaba estudiar y yo le dije –todavía no sé, pero me gusta la música. Por la tarde, cuando se terminaron las clases, llamó a uno de los discípulos, Juan Castro Vásquez. Pero este Castro no tenía nada que ver con los de la orquesta, ni con esos Castros "tan buenos" que tenemos allá en Cuba. Castro me llevó al lugar donde ensayaba la banda. Allí me inscribieron y empecé a estudiar el solfeo. Al principio me dieron un instrumento raro, de esos que no se usaba mucho y que nadie quería, se llamaba la trompa y era como un corno de metal. Todo el mundo quería tocar el clarinete, la trompeta, el saxofón. Luego pasé a tocar el trombón de pistones, figúrate yo pesaba 70 libras y el trombón pesaba más que yo.

¿Cuándo comienza a tocar en una orquesta?
En el año 1935 perdimos al maestro que teníamos porque se fue para España. Nos juramentamos un grupito y empezamos a luchar solos, por nuestra cuenta. Seguimos estudiando con un libro y él que sabía más enseñaba a los otros. En 1936 empecé a tocar con una orquesta. Mi primer concierto fue el 20 de mayo del año 1938 en la glorieta del parque de Cruces.                                                   
¿En qué otros lugares tocaban?
Íbamos a los bailes del campo, que eran un fenómeno. Empezábamos a tocar a las ocho de la noche y como a las cuatro de la mañana cuando se estaban terminando, sentías un ruido, eran los soldados sacando candelita con el machete en el piso. Decían, -ustedes no se pueden ir, ahora vamos a bailar nosotros-. Y teníamos que seguir ahí, tocando hasta las seis de la mañana y no pasaba nada, ellos eran los dueños del campo.

¿Qué otro instrumento musical estudió?
Mi aprendizaje fue largo. Empecé tocando la botija. La botija era como un porrón con un huequito que se tocaba como una flauta. Cuando llevabas tres minutos tocando eso, ya tu sabes, tenían que recogerte medio muerto. Después tocaba la marímbula, que era una caja que tenía tres flejes arriba y tres abajo. Ya después, en el año 39, pasé a tocar el trombón, pero en la orquesta iba tocando otros instrumentos, la clave, la maraca. Seguíamos luchando. Cuando tenía unos dieciocho años un grupo de músicos se fue para Cienfuegos que era como el Instituto, había mejores músicos y orquestas. La directora de la orquesta me dijo –mira Generoso yo me voy para Cienfuegos, pero quiero dejar un plan. Tu facilidad de improvisar te ayuda mucho. Un primer o segundo año que estudies de piano y te puedes sentar a tocar –. Entonces conseguí los libros y empecé a estudiar el piano, ella era la profesora. En su casa vivían otras dos mujeres graduadas de piano. Cuando no estaba ninguna de ellas tres allí, caminaba media cuadra y estaban las hermanas Masa y sino la profesora Figueredo. Tenía seis maestras, en un pueblo racista, y las seis eran blancas. Yo nunca luché contra el racismo, lo único que me interesaba era aprender. Entonces empecé a tocar el piano en la orquesta y me defendía bastante bien.

¿Cuándo tiene su propia orquesta?
En el año 1939 formamos una orquesta en Cruces y le pusimos “La rítmica del 39”. El flautista era Efraín Loyola, padre de José Loyola el musicólogo. El bajista se llamaba Orestes Aragón, -¿le dice ese nombre algo?- y otros músicos de Cruces y Ranchuelos. Las cosas no iban muy bien, nos daban diez centavos y el dueño de la plaza decía - les doy 15 centavos para el pasaje.- El pasaje de ida y vuelta costaba 60 centavos, así que figúrese usted. Los directores de orquesta no ganábamos nada.
Después continúa su carrera musical en Cienfuegos
Así sucedió. Por esos años me salió un trabajo en Cienfuegos para tocar el piano en una academia de baile. ¡Ya  tú sabes lo que era eso ahí, ‘un prosti’! Entonces el violinista Gilberto La Rosa, que era codirector de la orquesta me dijo  –mira Generoso me ofrecieron en Santa Clara una plaza de violín en la orquesta sinfónica, pero con la condición que tengo que estudiar el chelo, y me consiguieron un cuarto y una tabaquería para trabajar hasta las 12 del día –. Yo le dije  –bueno, a mi me consiguieron una plaza para ir a tocar el piano en una academia de Cienfuegos –. Así que reunimos la orquesta, y le dijimos  –miren muchachos, aquí sucede esto, a ver quien se quiere quedar con la orquesta –. Efraín Loyola dijo que no le interesaba. Aragón saltó y dijo, – bueno yo me quedo pero con una condición –. Fíjate tú, poniendo condiciones y todo, –si me das el repertorio –. Yo era el arreglista de la orquesta. Y me dijo, – como tú vas para Cienfuegos, haz alguna conexión ahí para que todas las semanas puedas ir a los ensayos para que sigas adiestrando, porque nosotros no conocemos nada –.
¿Qué recuerdos tiene de esa época en Cienfuegos?
Cuando estaba en Cienfuegos, por el año 1940 me salió un trabajo con un circo inglés, Blacaman, y me fui a pasear por toda la isla. Era un espectáculo con setenta cocodrilos y treinta leones, pero el dueño del circo era más león que los leones. Recorrimos todo el país, por Guantánamo conocí a Lilí Martínez, al negro Bibar, eran unos muchachones. Cuando el circo paró en Varadero dije, –que va me voy pa’ mi pueblo –. Para entonces ya tenía como 30 discípulos. Un grupo de muchachos pudientes, que estudiaban todos en el Instituto de Cienfuegos, otros en los Maristas y otros estudiaban para ser contadores. Pusimos la academia en los bancos del parque. Yo hablé con el teniente de la policía y me dijo –bueno escojan dos bancos ahí, pero no en el centro, porque ahí se pasean los blancos solamente–. Los negros se paseaban por la parte de afuera. El teniente de la policía nos dijo  –ustedes me van ayudar, vamos a acabar aquí con esos problemas del blanco y el negro –. Éramos un grupo de veinte y tantos entre negros, blancos, pudientes, y algunos que por la mañana tenían que ir al central a ‘carretillar’ azúcar. ¡Aquello era un fenómeno! Luego entre ellos se reunió un grupo de blanquitos y me dijeron –Generoso vamos a formar un conjunto –. Metí dos trompetas, el contrabajista…bueno, aquello era más de una orquesta, y cogimos el programa estelar en la planta de radio. Nos pagaba cincuenta centavos, entonces figúrese usted, no se podían repartir cincuenta centavos entre tanta gente.

¿Y cómo se las arreglaban?
Déjeme que le cuente. Aquello no duró mucho. En la radio nosotros mismos nos anunciábamos. Un día íbamos a tocar un motivo afro que se llamaba “No quiero guerra” y un miembro de la orquesta, que era miembro del partido comunista, me dice –Generoso este número yo lo voy a presentar y se echó a reír–. Yo le dije,  –¿qué será lo que tú te traes entre manos?– Y en eso oigo que empieza a decir, –ahora van a escuchar ustedes un motivo afro del capitán de la guerra libertadora de los comunistas de España, Julio Cuevas. ¡Abajo los americanos! ¡Viva el partido comunista!– ¡Ay mi madre, que corre corre se formó, vino hasta el dueño de la planta! Al otro día nos reunieron y me botaron a mí. Había cuatro comunistas en la orquesta, pero no se metían con ellos porque les tenían miedo. ¿Sabe que hacían ellos cuando votaban a uno? Se vestían de sándwiches, con un cartón por adelante y otro cartón por atrás, el cartón decía, –no entre a comprar porque aquí votaron a un trabajador". Ya tu sabes, tenían que reponerlo enseguida. Cuando pasamos la cuenta teníamos nueve pesos para repartir, dice uno  –vamos a regalarle un piano a Generoso –  – ¿Un piano? – dije yo. –No que va, esa carrera es muy larga, ya yo lo manoseo un poco. En Cienfuegos en la Casa de Empeño yo vi un trombón de vara que cuesta doce pesos –. Había que conseguir tres pesos más. Entonces escribí a un discípulo mío de la orquesta y él me mandó un giro por cinco pesos y así completamos los doce pesos. Con lo que sobró alquilamos un camión y montamos la tumbadora, los bongos, y nos fuimos para Cienfuegos. Cada uno se fue para su clase y yo fui a la Casa de Empeño a sacar el trombón. Cuando regresamos nos montamos en el camioncito, cogimos por la Calzada Dolores hasta la salida de la carretera que iba para El Millar, íbamos soplando el tubo, tocando y la gente atrás. Cuando llegamos a Cruce el teniente de la policía me dice, – ¿Generoso que pasa aquí? –Y yo le dije  –no chico mira es que los músicos me acaban de regalar un trombón – y el teniente de la policía gritó  – ¡Qué siga la rumba! –
¿Fue el primer trombón que tuvo?
El primer trombón de vara, porque antes había tenido trombón de pistones. Me convertí en estudiante. Eso fue por el año 1941 ó 42. En 1943 se apareció el director de una orquesta de Cienfuegos a buscarme, – Generoso te necesito, vamos, coge los papeles y lo sigues estudiando allá–. Tocábamos en el Club Cazadores, el que pertenecía la playa, alternando con la Orquesta Hermanos Le Batard. El cantante de esa orquesta era para mí lo más grande que ha dado Cuba en cantantes blanco, Roberto Faz. Ese blanco era grandioso, era el mejor, no debía haberse muerto nunca, pero la vida es así.

¿Cómo entra en la Orquesta de Tropicana?
Armando Romeu, el hijo del director de la Banda de la Marina, estaba formando una banda para Tropicana, una Orquesta para tocar jazz, nada más. Entonces Le Batard, que vivía en La Habana y ya estaba nombrado para ser integrante de esa Orquesta, le dijo  – en Cruces hay un muchacho ahí que toca el trombón muy bien –. Y me pasó un telegrama para que fuera a presentarme. Caí en La Habana un 9 de Julio del año1943, en la mejor orquesta de jazz que hubo en Cuba de todos los tiempos. Ahí había un rubiecito, que el padre le daba el dinero para que pagara la carrera de Derecho y él lo que pagaba eran las clases de trompeta y las clases armonía, se llamó en vida Arturo Chico O’Farrill. A ese le debo mucho, pero mucho y a Armando Romeu también. Allí acabé de perfilarme. Como yo era campeón, esto es sin ninguna jactancia, improvisando la música cubana, entonces con Arturo O’Farrril, con Bebo Valdés, y con Emilio Varona aprendí el problema de hacer arreglos. El ciclón del 18 de Octubre del año 1944 acabó con Tropicana, el presidente de la Republica era Ramón Grau San Martín. Ahí pasé a la playa. Allí el trabajo me lo dieron por la dualidad, porque necesitaban un pianista que tocara trombón. En Tropicana pagaban cuatro pesos y allí pagan nada más que dos pesos, y había que empezar desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la mañana.

¿También tocó en la Banda de la Policía?
Un día un músico de la orquesta me dijo – oye mañana la Banda de la Policía va a poner trombones de vara, así que a las ocho de la mañana tienes que estar ahí que te recomendé –. Figúrate tú, me acostaba a las cinco de la mañana, no dormía nada, pero fui allí, me examinaron, y el 1 de junio del año 1945 pasé a formar parte de las Fuerzas Armadas como Subteniente de la Policía y trombón solista de la Banda de Música de la Policía Nacional. Estando allí podía trabajar en cualquier lado, pero primero era la banda. Ese trabajo me duró dieciséis años y medio, hasta el año 1961, ya la candela estaba ahí, asomándose.

¿Qué otros trabajos hacía paralelos a la Banda de la Policía durante esos años?
Mira, trabajaba en CMQ Radio, ahí le hacía arreglos a Cascaritas, a Bola de Nieve, a las
D’Aida. Después tuve un problemita ahí y me fui y caí en la Cadena Azul de radio con la Orquesta de Bebo Valdés. ¡Tremenda orquesta! Trabajaba también con la Orquesta de Arturo Chico O’Farrill, y con la Orquesta de Obdulio Morales, uno de los musicólogos más grandes que ha dado Cuba, pero nunca se habla de él.

¿Cómo conoció al Beny?
El llegó a La Habana pero como no conocía a nadie regresó para Las Lajas. Después le pasaron un cable para que viniera a la emisora. Beny Moré debutó en La Habana en la Cadena azul de radio, allí fue donde lo conocí, a él y a Mariano Mercerón. “Mucho corazón” fue su primer número que pegó en Cuba. Yo seguí en la Banda de la Policía hasta el año 1953. Cuando Beny formó su orquesta yo no fui integrante, yo entré en el año 1955. Fui con él a Panamá y a Venezuela en varias ocasiones en el año 1956 y 57.

¿Cuándo sale el famoso estribillo Generoso que bueno toca usted, Castellano que bueno baila usted, Beny Moré que banda tiene usted?

En el año 1956 fue que surgió ese número para que usted lo sepa. Venezuela fue la madre patria de esa canción. Fue un número hecho a base de improvisaciones. Resulta que la Orquesta llevaba siete músicos nuevos. Cuando llegamos Beny me dice, –bueno, hay que hacer un programa de radio, ¿qué hacemos? – Nos reunimos y escogimos seis números. Cuando los hicimos faltaban todavía como diez minutos para que se terminara el programa y Beny me dice, -vamos a hacer una cosa, una descarga, a improvisar se ha dicho, todo el que sepa improvisar que lo haga–. Beny se viró para el pianista que era Felipe Yánez, el murió aquí en Estados Unidos hace años, y le dijo, –arranca. Ahí Beny empezó con el ‘tumbaíto’ ese, Castellano que bueno baila usted, Castellano era el utilero de la Orquesta y bailaba muy bien los bailes de aquella época, Generoso que bueno toca usted,  Beny Moré que banda tiene usted, hasta que uno grito, – ¡se acabó el programa!– El público bailando, los camarógrafos bailando, ya tu sabes. Cuando llegamos al local donde teníamos que trabajar de nuevo ya le decían, –oye Beny oímos el programa, toca el ‘machacaíto’ Castellano que bueno baila usted–.

¿Cuando triunfa la revolución están en Venezuela?
El 31 de Diciembre de 1958, nos agarró el triunfo de la revolución haciendo un concierto en Miami, en el hotel Lido. Era dedicado a todos los exiliados políticos de la América Latina. Yo era oficial de la policía y estaba metido en eso, imagínese usted. ¡Y la candela ya estaba asomándose en Cuba! Yo estaba dirigiendo la orquesta. A las doce de la noche, a tocar el himno nacional de Cuba. Beny me dice, –compadre, tóquelo usted ahí–. Cuando terminamos de tocarlo, viene un hombre y me dice, –oye directorcito, ahora el himno del 26 de Julio–, le dije, –yo no se lo que eso chico–. Entonces subieron al escenario como cinco personas y empezaron a desenrollar una bandera que llegaba más allá de la mata de palma aquella. Beny me miraba como diciéndome, – ¡ten cuidado Generooooso!– Se terminó el baile y yo me fui para la playa. Cuando regresé como a las 5 ó 6 de la madrugada Beny me estaba esperando y me dice, –compadre, ¿sabe la última noticia? Batista huyó, está en Jacksonville. ¿Usted regresa pa’ Cuba? – Yo le dije, –eh?! y porque yo no voy a ir, si yo no me he metido con nadie allá–. Beny me dijo, – bueno pues yo no voy, yo me quedo aquí–. Entonces como a los tres días fue que partimos para Cuba en el ferry. Yo traía al lado uno vestido de verde olivo, porque cuando vieron mi pasaporte que decía teniente de la policía dijeron, – ¿y este que hace aquí?– –Ese es músico chico–, les dijeron. ¡Óyeme candela! Cuando llegamos a La Habana una señora que venía con una niña, paró un carro. Iba por la Vía Blanca, así que a mi me servía también, porque yo vivía en San Indalecio y Agua dulce. El tiro estaba civil y La Habana estaba oscura. Al otro día cuando me levanté me dijeron que estábamos acuartelados, me presenté, caí preso y ya tú sabes todo el lío. Después me dieron la libertad, pero no me daban la baja de la Banda de la Policía y en eso estuve hasta el año 1961, en que fui licenciado.

¿Como fue la época que trabajó en Radio Progreso?
En Radio Progreso trabajaba con la Orquesta que dirigía Manolo Castro. Ahí trabajaba un ‘comuñanga’ grande, no me acuerdo ahora como se llamaba, que me dijo, –óyeme chiquito mañana hay que ir a cortar caña– y yo le dije – ¿a cortar qué? No chico, la caña que la corte el viento con su movimiento–. Así que me tuve que ir de ahí. Caí en Las Vegas, de director de un conjunto y tocando piano, y como a los seis meses me dicen, –oye te toca la guardia hoy, desde las seis de la mañana hasta las doce de la noche–, les dije que no, que yo no hacía eso. Y ya tú sabes, me embarqué, empecé a caer mal.

Cuénteme sobre la grabación de su disco “El trombón majadero”
Ese disco lo hice en 1965. Resulta que atrás le pusieron Orquesta de la EGREM. Yo no aparecía por ningún lado, ni la orquesta que era mía. Fui a ver al director de la EGREM que era hermano de Roberto Fernández Retamar y metí un bateo tremendo. Entonces lo arreglaron y pusieron Generoso, director de la orquesta.
¿Con qué músicos trabajó en ese disco?
No eran músicos muy conocidos Horacio Gómez, el pianista era Elton Añejo, el ñato, Juan Castro en el saxofón. Era una orquesta de Radio Rebelde, pero que después los votaron a todo por gusanos. Cuando me llamaron a mí, dijeron, –nos botan a nosotros y traen al rey del espectáculo–. Pero la juventud del partido, que era la que mandaba fue la que dijo, –tiene que ser Generoso, porque Generoso dirige música cubana, música sinfónica y música clásica–.
¿Hasta cuando trabajó en Radio Rebelde?
Estuve dos años y medio allí, después me botaron de Radio Rebelde porque fueron a verme para que yo fuera a los países socialista en representación de Cuba y yo acepté, pero cuando me dijeron, –tienes que ir vestido de miliciano– les dije, –¿cómo que vestido de miliciano? No yo no voy a ningún lugar vestido de miliciano–. Entonces me botaron de la radio y ya tú sabes, a comer candela, con cinco hijos, a pasar trabajo, a vender velas y todo lo que apareciera, lo que pasé para que te lo cuento.
¿Cómo logra salir de esa situación?
Un día Amaury Pérez, el esposo de consuelito Vidal, me dijo, –óyeme Generoso te vengo a buscar porque necesito que vayas a Santiago de Cuba a dirigir una orquesta–. Yo le dije, –pues mira que yo no tengo ninguna orquesta–. –Bueno pues vamos a ver si tienes o no tienes orquesta–, me dijo él. El presidente de la televisión era el comandante Serguera, que era candela, ese que lo tenían desaparecido y ahora ha salido otra vez. El le preguntó a Amaury que era lo que quería y le dijo, –ya está hecho, que se lleve los músicos–. Entonces regresé con una carta de cultura de allá de Santiago. Tuvieron que reponerme de nuevo, pero como músico no como director, y ahí estuve hasta que pude jubilarme.

¿Y qué hace después que se jubila?
Tenía que esperar al año 1977 para poderme jubilar del ICRT. Un compañero mío de la Banda que estudió derecho, me dijo, – ¿te quieres jubilar?, bueno mira yo te voy a cobrar tanto por presentar los papeles tuyos por el municipio de Centro Habana–, porque si los presentaba por el ICRT no me la daban. Al año siguiente me llegó la orden del retiro.
Desde entonces ya tú sabes, muerde por aquí, toca por allá. Me pasé seis meses en el sector turístico de las playas del este, en Santa María, en Boca Ciega, tocando en los hoteles. Como el director de allí era medio que se yo que se cuando, pues ya tú sabes, no pasaba nada. Allí estaba viviendo la vida, pero me enfermé y tuve que dejar ese trabajo. Seguí haciendo arreglos, orquestaciones y recibía 250 pesos todos los meses de la jubilación.

¿Cómo vuelve a salir de Cuba?
Primero se me presentó salir del país, pero no me dejaron. Entonces en el año 2003 me mandaron a buscar de Italia y me dejaron ir. Yo dije, – ¡eh! ¿Y esa buena voluntad de quién será?– Después me enteré que allá en Italia tuvieron que depositar 50 mil dólares por si yo me quedaba. Cuando llegué a Italia vi que me esperaba un hombre que hasta dormía en el hotel conmigo. ¡Aquello fue un fenómeno! Cuando regresé a Cuba, Tony Cortés, un gran artista y amigo mío, me dice,–óyeme Generoso vamos a dos islitas ahí conmigo, a Guadalupe y Martinica–. Yo le dije, – ¿tú crees que me dejen salir?–, y él me dijo, –ven mañana al ensayo–. Llegué al ensayo y me encontré al presidente del Instituto Cubano de la Música, que iba también al viaje, acompañando a su señora. Después en el avión me dice, – ¡eh Generoso! ¿Qué pasa? Tu asiento es este, aquí al lado mío–. A mi me dan ganas de reírme todavía chica. Pío Leyva iba sentado al otro lado y me miraba y se reía. De regreso para La Habana Pío Leyva me dijo, –Generoso, tu asiento es este, aquí conmigo–. Compramos dos botellas de whisky y fuimos tomando whisky hasta que llegamos a La Habana.

¿“Generoso que bueno toca usted” fue grabado en Cuba?
Ese disco lo hice con Juan Pablo Torres en el 2002 en Cuba. El ya vivía aquí, pero iba escondido a Cuba. Lo hicimos en los estudios Abdala. Había que dejar el espacio en blanco para el solo de Paquito D’ Rivera, había que dejar también el espacio para Arturo Sandoval y el espacio para el improvisador. Se le puso el coro y todo. Paquito lo completó después en New Jersey y Arturo en Miami y el solo de piano lo hizo Rubalcaba, el padre. La mezcla se hizo en Alemania. Y yo era el Errol Flynn de la orquesta.


¿Cómo viene para Miami?
Cuando salí de Cuba yo sabía que me iba a quedar pero fíjate, yo estoy aquí y todavía no sé cómo es que estoy aquí, no sé. Resulta que surgió un individuo que quería hacer unos discos de Beny Moré y me mandó a buscar a Cuba, entonces se hizo la diligencia y vine para hacerle los arreglos de esos discos, pero eso fue una estafa.

¿Con quiénes ha trabajado aquí en Estados Unidos?
Hice un concierto con Paquito D’ Rivera en New Jersey, con Willy Chirino, con Oscar de León y uno con Cachao aquí en Miami, que vino como invitado Andy García. Fui a Nueva York a hacer una descarga. También trabajé en un disco con Emilio Estefan. Así me he ido defendiendo.

¿Sus padres murieron en Cuba?
Mi madre murió en Cuba, antes de cumplir 92 años. Y mi padre murió en un accidente en Vía Blanca, en La Habana, tenía 72 años, lo arrolló un jeep del Ministerio de Educación. Iban vestido los tres de milicianos y con la luz apagada. Fue el mismo año que murió Beny Moré.

¿Dejó usted algún hijo en Cuba?
Tengo seis hijos. Cuatro aquí en Estados Unidos y me quedan dos allá en Cuba.

¿Qué es lo que más echa de menos de La Habana que usted conoció?
La vida nocturna. En esta ciudad no hay eso chica, no hay ni aunque sea un solo cabaret de verdad como “Los aires libres” frente al Capitolio. Aunque ahora en La Habana la mitad de los lugares buenos son área dólares y bien caros, igual que las tiendas esas que le dicen ‘la shopping’.
Cuando yo estaba en la orquesta de Tropicana, con Armando Romeu, con Chico O’Farrill, con Daniel Pérez el baterista, con Chucho Hernández el bajista y con Alba Marina, nos quedábamos tomando cubalibre en la glorieta del parque de Tropicana. Todos los días ensayábamos, levantábamos pesas, y luego por la noche nos reuníamos, comíamos y salíamos. En La Habana se podía vivir. Te estoy hablando de los años treinta y cuarenta. Una libra de arroz te costaba 10 centavos, una libra de bistec 10 centavos, una lata de chorizos El Miño te costaba 2.50 y traía 25 chorizos en manteca. Tú ibas a una tienda de ropa y te enseñaban el muestrario, escogías y entonces dabas 5 pesos de entrada por cada traje, costaban 15 pesos, ibas pagando dos pesos semanales. ¡Yo tenía 12 trajes! Eso pantalones que se usan ahora, jeans, a eso le decíamos de mecánicos. Cuando entré a la Banda de la Policía, ahí pedía un vale por 60 pesos y compraba los zapatos Amadeus, de dos tonos, blanco y negro y blanco y carmelita, ‘picoteaditos’, de charol. ¡Que elegancia! Esos que ahora se están usando otra vez. ¡Y los perfumes caballero! Los pañuelos seguían con el olor después de lavarlos. Por la mañana cuando me levantaba para ir a la Banda de la Policía me echaba uno que se llamaba Charlie o Atkinson, eran de Londres, por la tarde me echaba Etiqueta verde, un pomo te costaba 9 pesos pero era casi un litro, y por la noche usaba un perfume de mujer, pero yo les decía a mis amigos, –si pero lo trae un hombre puesto, cuidado con eso–. A media cuadra se sentía el olor.
¿Cuál es el trago que más le gusta?
A mí lo que más me gusta es el aguardiente de caña, pero el cubano, el puro, no esos otros con sabor a anís, después el ron Bacardi Carta Blanca, y lo tomo como sea, solo, porque esos añejos con esas mezclas no me gustan. Yo me di el primer trago de aguardiente de caña cuando tenía siete años, con mi padre en La Habana. Cuando me fui para el campo y entré en la Banda de la Policía en el año 1945, ya usted sabe, eso era todos los días, pero nunca cogí una borrachera de caerme, ni nada de eso.


Y le gusta la Guayabita del Pinar?
¡La Guayabita del Pinar! ¡Ay mi madre! La seca, la seca.


¿Quién es el músico más grande que ha dado Cuba?
Lo más grande que ha dado Cuba es Beny Moré.

CANDIDO CAMERO



BEBO VALDES (1918)

¿Qué recuerdos guarda de sus padres?
Tengo los mejores recuerdos que puede tener un hijo de sus padres. En la época en que yo nací, en 1918, las cosas eran diferentes, la educación de la familia era completamente distinta de lo que es ahora. Mis padres me enseñaron que la familia está ante todo, la madre, el padre, los hermanos, los hijos. La familia es por lo que debe luchar el hombre, y trabajar mientras viva y tenga fuerza. Voy a cumplir 88 años, hay que ser realistas, el cuerpo se desgasta y eso no repone nadie, ya no estoy en perfecto estado de salud, pero mientras no esté en cama sigo trabajando.

¿Cuáles son sus primeras memorias musicales?

Yo empecé oyendo al Septeto habanero y a Miguel Matamoros, a principio de los años 20. Mi madre tiraba pa’ España y mi padre tiraba pa’ Cuba. Así que me crié, crecí entre esos dos gustos. Hasta que empezó Machin con mucho éxito por los años veinte y empezaron también los danzones de Antonio María Romeu. Recuerdo que fui con mis padres a verlo. Desde niño me gustaba mucho la música. Yo tocaba y cantaba de segundo con un grupito de la escuela. Se dice que un día me senté en el piano y toqué toda la noche. Al siguiente día siguiente ponía piedras en el suelo y tocaba las piedras como si fueran las teclas de un piano mientras cantaba un danzón, pero yo no recuerdo absolutamente nada, eso me lo contaron.
Parece que nací músico, como mi hijo Chucho. Un día llegué a la casa y lo encontré tocando solo, a los 4 años, pero tocando bien, con la mano izquierda, que es muy poco lo que se toca de afición.

¿Incursionó de joven en el boxeo?
Sí. Pero eso fue porque yo era muy fuerte y era muy amigo de un boxeador que vivía a dos puertas mías, y él me llevaba. Muchas veces me puse los guantes, unos señores guantes de 10 ó 11 onzas, que no son iguales a los otros de 4 ó 6 onzas que sí te rompen la cara, pero igual te marean y también te pueden noquear y tumbar. Peleaba por un par de pesos. Ahí cogí mis golpes y aprendí. Esa es la vida, muchos caminos.

¿Qué parte de Cuba lleva consigo?
Quivicán, el pueblo donde nací y La Habana que yo conocí.

¿Cuándo se muda de Quivicán para La Habana?
Desde el 30 y pico me mudé para La Habana. Yo tenía dos hermanas que ya estaban viviendo en La Habana, una de ellas era muy amiga de Sindo Garay. Primero viví en un hotelito. Tú pagabas cinco o diez centavos y te daban una cama. Era un cuarto con unas 30 ó 40 camas. Tenías que quitarte los zapatos y ponerlos arriba de la cama y dormir con la ropa puesta para que no te la robaran. Así dormía. Así era La Habana que yo conocí, pero no nos quejábamos. Luego ya me traje a mi madre y a mi hijo Chucho, que estaba chiquito, y a su madre.

¿Sus primeras presentaciones musicales fueron en El Faraón?
Yo empecé a tocar en El Faraón en el año 43. Pero en realidad empecé a tocar por la calle en los años 30. En esa época nos parábamos en la esquina del sindicato. Allí los músicos nos poníamos en cola, para ver que ‘fulano’ faltaba hoy y si hacía falta alguien para tocar en algún lugar.

Sí tenías que ir a la playa de Marianao te daban un peso por tocar, desde las diez de la noche hasta las 4 ó 5 de la madrugada. En la radio nos daban 10 centavos, íbamos a tocar a dos o tres radios en el día, las que se pudieran. Orquestas establecidas había muy pocas, la de Antonio María Romeu, la de los Palau, la de los Castros.
En el año 37 yo estudiaba en el Conservatorio de música “El Morro 3”, cuando estaba ubicado en una residencia detrás del Palacio Presidencial, que era de José Miguel Gómez el que fue presidente. Era una local muy bueno para un conservatorio. Antes de eso estaba en la calle Reina. Ahí nos metíamos todos los pianistas que tocábamos jazz y música cubana y se formó un grupito de jazz. Así empecé como pianista en una ‘orquestica’.
En el año 43 estando en el sindicato llego Obdulio Morales y me preguntó con quién tocaba.       
Hasta ahora no tengo a nadie–,  le dije, y me invitó a tocar con él. Era en un lugar que estaba en la calle Águila o Galeano, ahora no recuerdo su nombre. Era un lugar muy famoso, donde las muchachas bailaban por dinero, el ticket costaba unos diez centavos. Había que tocar toda la noche.

¿En qué orquesta empieza?
Un músico que tocaba con Obdulio me dijo, tú no debes tocar aquí. Ve a donde está Curbelo que le hace falta un pianista, y me dieron una carta para él. El primer día que fui a buscarlo no me dejaron pasar, me dijeron que yo no estaba muy bien preparado. Después cuando lo pude ver  me dijo, ven pasa y toca conmigo–, luego me pregunto, ¿con quién tu tocas? pues con él que me venga a buscar, le dije. Me contó que le hacía falta un pianista y que me podía pagar dos pesos y 15 centavos para el pasaje o para una ‘frita’. Para mí eso fue tremendo. ¡60 pesos al mes! Ahí tocaba todos los días, en ese tiempo no existía eso de descanso. El día que no ibas a tocar no ganabas. Así era la Cuba que yo conocí, en la que yo me crié y en la que yo toqué. Estoy acostumbrado a luchar por eso hoy en día todo me parece muy fácil.
En el año 45 Curbelo tuvo dificultades, pero se comportó como se comportan los verdaderos amigos, casi lo botan. Todo fue por culpa de un individuo que no quería trabajar conmigo. Curbelo le dijo,
búscame un hombre que tenga 24 años, que no fume y no tome, y que toque el piano así, sí tú tienes otro, tráemelo. En general esa fue una etapa muy linda, esa intriga entre músicos que después existió, no la había. Cuando no teníamos algo, nos ayudábamos en lo que podíamos cada uno.

¿Sale de Cuba en el año 60?

Sí, salí a México. Yo había estado en Haití y en México dos o tres veces antes, voy a México porque ya lo conocía bien. Tenía muchos amigos allá. Era muy amigo de Tongolele y le había hecho arreglos para sus películas. De ahí me fuí a Los Angeles y debuté en el Million Dolar, que era propiedad de un amigo que había sido aviador y que había estado en Cuba en el año 40. Cuando me lo encontré en México me dijo, te mando un contrato. Me lo mandó y me fui para Los Ángeles. Ahí estaba Celia, Olga Guillot, la Sonora Matancera y muchos de los músicos que nos fuimos de Cuba por problemas que ya no eran sindicales, no estábamos de acuerdo con el gobierno.
Luego me fui un tiempo a España y de ahí a Suecia. Cuando bajé en Suecia me encontré con la coya, una mujer bella mucho menor que yo. Yo tenía 44 años y ella tenía 18 cuando nos casamos  hasta ahora seguimos juntos y hasta que muera. En Cuba tuve cinco hijos, después la vida me puso aquí en Suecia, donde nacieron mis otros dos hijos y ya tenemos nietos.


¿Ha sido difícil el exilio en un lugar tan frío?
Hay un viejo refrán español que dice “cualquiera por su mejoría su casa dejaría”. Yo no podía  y no quería volver a Cuba, y no me iban a admitir después ni aunque quisiera. Así que cuando me fui, sabía que no volvería más. Ya sabes que tienes que adaptarte a lo que sea, con más razón si tienes un pasaporte que donde quiera que te paras dice que eres un exiliado político.

¿Tiene esperanzas de ver un cambio cercano en Cuba?
Chica mira, yo soy un hombre mayor, ya no tengo esperanzas de nada, voy a cumplir 88 años dentro de unos meses. Todos los demás son mucho más jóvenes que yo. Por ley natural, creo que me toca irme primero. El es más joven que yo, él nació en el 26 y yo nací en el 18, son 8 años.

¿Qué cree que va a suceder?
En Cuba es muy problemático todo lo que pueda pasar, así que hay que tener mucho cuidado. No tengo muchas ideas porque no conozco a fondo la política cubana y los cambios de todos estos años que llevo afuera. Cuando me retiré de Cuba me retiré de la política. Tengo ideas democráticas cien por ciento y esas sí que nadie me las va a quitar. Si alguien tiene que gobernar que lo haga para el pueblo cubano. No soporto a los dictadores, ni de izquierda ni de derecha, para mí son lo mismo.

¿Si pudiera regresar mañana, qué haría?
Lo primero que haría no sería nada bueno para mí, porque lo primero que haría sería ir a visitar a mamá y papá en sus tumbas, y llorar mucho. Mi padre me dijo cuando me despedí de él aquella noche,
ya nunca más nos volveremos a ver, y así fue. Mi padre murió en el año 62 y mi madre en el año 78. A mi hijo Chucho lo volví a ver 18 años después. Tocó la casualidad que yo estaba de paso por Nueva York cuando él vino con Irakeres. El padre de Paquito y yo éramos amigos desde Cuba, pero amigos cerrados. El era una gran persona y Paquito es como un hijo mío. Ellos me dijeron que Chucho llegaba y nos reunimos ‘una tonga’ de músicos para ir a aquel concierto.

¿Se ha reencontrado con resto de la familia?
¿Usted sabe que Roberto Carlos el pianista de los Dan Den también es mi nieto? El es hijo de mi hija Miriam. Ella tiene otra hija que está casada con un francés y viven en la Guayana francesa. En el año 96 yo fui a Francia a ver a mi hija Miriam, que no la había visto en 36 años. Ese día en el hospital nos retrataron a las cuatro generaciones, mi bisnieta que acababa de nacer, mi nieta, mi hija y yo. En Cuba, México y Alemania también tengo otros nietos y bisnietos, pero no los conozco.

¿Por qué músico cubano siente una admiración especial?
Mi verdadero ídolo siempre ha sido Cachao, que es el verdadero inventor del mambo, el junto con su hermano Orestes que ya murió. Yo estaba tocando con Cachao “Lágrimas negras” para una película de Fernando Trueba. Ahí fue cuando pasó Diego el Cigala y alguien le pregunto a Trueba sí yo le podía enseñar,
bueno cuando tenga tiempole dije. Luego Trueba me dijo, pruébalo. Hicimos una cosa ahí y mira lo que pasó.

¿Y el “Bebo rides again” cómo sale? (1994)
Ese se lo debo a Paquito. Paquito estaba por Punta del Este en Uruguay, a donde van todos los millonarios. El me llevó el año pasado a ese lugar. Me llamó cuando regresó de unos conciertos que estaba dando por Buenos Aires. Ya había muerto Mario Bauzá (1993). Entonces me encerré y estuve 36 horas haciendo los arreglos. El disco tuvo mucho éxito. Tuve el honor de conocer a Juan Pablo Torres, el trombonista, ese gran músico cubano. Mira que Cuba ha tenido grandes músicos, pero creo que es lo mejor que ha dado Cuba. Fue un gran compositor y arreglista y una gran persona. El trabajó conmigo en el “Bebo de Cuba”. Después recibí la mala noticia de que había fallecido en Miami. (2005).


¿Conoció a Cabrera Infante?
¡Claro! Paquito me invito a tocar porque querían un pianista que conociera la música vieja que a él le gustaba. La mujer de él ya me conocía. Entonces Paquito me llamo y le dije yo esto me lo sé de memoria. Dicen que antes de morir le pusieron un disco mío “Bebo”, donde yo toco música vieja cubana de 1900. Yo no sé si será verdad o sí será mentira, pero dicen que murió escuchando esa música, que era la que le gustaba. Usted sabe, cuando uno es viejo se pone  sentimental y piensa mucho en su madre, en su padre, en la vida.

¿En qué cree usted?
Soy católico y también soy medio brujo. Tengo collares también, no digo de quien soy hijo, así que no pregunte.

¿Está agradecido con la vida?
En la vida lo que hay es que luchar y no decaer. Además, no tienes más que una. Hay que vivir como uno quiera y lo mejor que pueda, pero eso sí, sin hacerle mal a nadie.


Wednesday, October 19, 2011

CACHAO (1918 - 2008)

¿Cachao usted nace en La Habana?
Yo nací en La Habana, en la casa de José Martí, calle Paula número 102, en el año 1918. Ahí vivía toda mi familia, mis padres y mis dos hermanos, Orestes y Coralia. Yo fui el último de mis tres hermanos que nació ahí. Todos los años el 28 de Enero había que abandonar la casa para que desfilaran los colegios. El gobierno nos mandó a mudar en el año 1919 para declarar la casa monumento nacional. Mis padres pagaban en esa casa ocho pesos de renta al mes. Cuando nos mandaron a mudar nos dieron 700 pesos, eso era mucho dinero en aquella época. Fue entonces cuando nos trasladamos a vivir a Guanabacoa, y ahí fue donde yo crecí. En Guanabacoa viví hasta el año 1930.

¿Por qué Cachao?
Cachao, más bien es un apodo, mi bisabuelo era andaluz y andaba siempre con el cachondeo típico de los andaluces y un día me dijo,
Cachao y desde ahí se me quedó para siempre. A mi sobrino que está en Cuba también le dicen Cachaíto.

¿Cuáles son sus primeros estudios musicales?
Comencé como percusionista y estudiando el contrabajo, tocaba la trompeta y el tres. Después estudié piano y muchas veces lo toque aquí y en La Habana. Con Machito grabé en el piano, pero mi instrumento preferido siempre fue el contrabajo. En mi familia todo el mundo tocaba el contrabajo.

¿Cuándo tuvo su primer contrabajo?
En Cuba, en el Machadato, cuando nada valía nada, se lo compré a Barroso el cantante. El tenía un grupo y cuando lo quitó me lo vendió por treinta pesos. Ahora vale mucho. Está asegurado por una compañía de seguros, pero creo que lo voy a regalar a un museo. ¡Aunque si se pone mala la cosa, yo lo siento mucho mi hermano, lo vendo! Ya no se puede trabajar con él, tiene la madera muy débil, de cualquier golpecito se hace leña.

¿El contrabajo es un instrumento más difícil que el resto de los instrumentos musicales?
El contrabajo es un instrumento muy básico y rítmico a la vez. Es como cuando usted construye un edificio, que sin la base, sin la zapata, no puede construir el resto del edificio, porque no tiene donde aguantarse. En el contrabajo se apoyan todos los demás músicos. Ese es el verdadero sentido de este instrumento en la música. La orquesta puede hacer cualquier cosa apoyada pero apoyada siempre en su base, sin él la orquesta no suena. Es un instrumento muy difícil, para tocarlo bien por lo menos veinte años de estudios, ocho horas diarias y bastante fuerza para cargarlo también. Ya yo no lo cargo.

¿Usted lo empieza a tocar desde muy joven?
Sí, empecé a tocarlo cuando tenía ocho años, en el año 1926. De niño me tenía que subir en un cajoncito para poder alcanzar. El primer trabajo que hice fue con un ‘septetito’ de niños, el cantante era Roberto Faz. El tenía 14 años. Ya su voz estaba desarrollada y cantaba muy lindo.
Entonces en 1927 empecé en el teatro Carral de Guanabacoa, en cine silente. Ahí trabajaba poniéndole sonido a las películas, tocando la música adaptada. Si cantaba una mujer, el violinista hacía el sonido, si cantaba un hombre lo hacía el saxofonista, los efectos de disparo se hacían con la batería y así. En el teatro Carral estuve hasta el 1930 en que ya llegaron las películas sonoras. Ahí terminamos todos los músicos que estábamos en eso y tuvimos que ir adaptándonos a la fiesta. En esos años en el teatro Carral trabajé con Bola de nieve. El único que ganaba dinero ahí era él y el flautista, un peso cada uno. Nosotros no ganábamos dinero, trabajábamos gratis, para practicar. Eso fue muy bueno porque después entré en la orquesta Filarmónica y ese fue el sello. Era una orquesta más seria y tuvimos que examinarnos. Desde el año 1931 hasta ahora estoy tocando con distintas orquestas, más de doscientas, no me acuerdo del nombre de todas, de las principales sí.

¿Cuáles recuerda de Cuba?
La orquesta Filarmónica, en la que empecé a los doce años. Trabajé con una cantidad muy grande de músicos en la orquesta Filarmónica del 1930 al 60, con la orquesta del maestro Tomás Corla. Con la orquesta de Hawai, había que ponerse un collar de flores, cosas de muchachos.

Toqué con la orquesta Fantasía, con muchas orquestas provisionales que no eran orquestas de lujo ni nada de eso. Ya tocaba con algunas orquestas típicas, como la orquesta del señor Marcelino González, un cubano hijo de españoles, que después se hizo médico.
En 1932 cuando salí de la orquesta de Marcelino estuve con a la orquesta de Ernesto Muñoz. El cantante de la orquesta era Abelardo Barroso. Estuve con ellos hasta el 34 cuando empecé con la orquesta de mi hermano Orestes López. En el año 1935 empecé a tocar con la orquesta de Antonio Maria Cruz, luego en la Academia del Antillano, que estaba entre la calle Zanja y Chávez, era una academia para enseñar a bailar a la gente. Después trabajé en otra Academia El Polo. La gente pagaba diez centavos por cada pieza. Las piezas no duraban más de dos minuto, así que tenían que llevar un dólar para poder bailar diez piezas. Y en el 1937 empecé como fundador de la orquesta de Arcaño y sus maravillas hasta 1949.
Ese mismo año inauguramos el teatro Blanquita, creo que ahora se llama Carlos Marx. Con la orquesta del teatro Blanquita, que era una orquesta de 50 músicos, acompañábamos todo tipo de revistas musicales que venían de afuera, de Broadway. La primera que acompañamos fue la del Lowe Art, luego italianas, mexicanas, francesas y por últimas las cubanas. También trabajé con la orquesta Sinfónica y con orquesta de Zarzuela y Opera. Acompañé a Renata Tebaldi, a Mario del Mónaco, a Pepita Embil, la madre de Plácido Domingo, con el maestro Federico Moreno Torroba, autor de Luisa Fernanda. Acompañé al maestro Vives y a todos los otros que hacían la temporada de zarzuela en La Habana. En el año 1957 inauguramos el hotel Riviera y ahí estuve hasta el año 1962.

¿Había mucha vida musical y nocturna en aquella época en Cuba?
Solamente en La Habana, en La Rampa, había como 82 night clubs, además de los hoteles principales, el Riviera, el Capri, el Nacional, el Hilton, creo que ahora se llama El Habana libre, el Gato tuerto, el Monseñor.

¿Y en el campo?
Los músicos siempre hemos sido muy alegres. Yo he tocado hasta en una carreta de bueyes en Matanzas, en Arabo. Todos los músicos aguantando el instrumento y dándole a los bueyes con la varita. Los bailes que se hacían en el campo eran muy famosos. El novio llevaba a la novia con la familia, iba hasta el perro. Había momentos en que tenían que suspender el baile porque los perros se fajaban en medio de la gente bailando, era muy simpático. El novio tenía que llevar mucho dinero porque tenía que pagarle la comida a toda la familia. Al día siguiente tenía que salir a pedir dinero prestado. Las mujeres tenían unos carnets o tarjetitas en las que se anotaba con una rayita lo que usted quería bailar con ellas, foxtrot, pasodoble, o el baile que fuera, y ya después no se podían negar. Era como un contrato. Ya se acabó todo eso, se acabó la elegancia.

En los bailes los guajiros nos decían, hasta que el sol no asome el cholito ustedes no se van.  Eso pasaba a las 9 de la mañana. Sino decían, hasta que el tren no pase. El tren pasaba a las siete de la mañana y había pasado el día antes a las nueve de la noche, casi doce horas seguidas tocando. No podíamos decir que no porque los guajiro decían, a dónde van ustedes, cuidado–,  y tenían el machete en la mano. En las provincias nos pagaban seis pesos a cada uno. En La Habana los bailes eran más baratos., a veces te pagaban dos pesos. La vida era más barata. Por diez centavos había tres platos, dos listos y uno a la orden, pero había quien no tenía esos diez centavos. Yo hacía siete trasmisiones diarias en la radio para llevar 70 centavos a la casa.

¿Cómo surge el ritmo del mambo?
Inspiración, nunca uno sabe cuando viene. A veces te pones y no sacas nada y cuando menos te lo esperas, ahí viene. Antiguamente teníamos siempre una libretita, para cuando se nos ocurriera algo escribirlo. Mi hermano vivía a una cuadra de mi casa, cuando empezamos con eso a nadie le gustaba. La gente decía,
que rápido se baila eso–, y la verdad es que nadie lo podía bailar. Entonces le reducimos la velocidad y lo hicimos mambo-danzón. Cuando Pérez Prado lo agarra le vuelve a poner una velocidad enorme. Gracias a Pérez Prado el mambo no se conoció en el mundo entero. Él lo internacionalizó, esa es la verdad.

Por ahí se supone que éramos enemigos, pero no hay tal enemistad. Yo trabajé con él en España. Venía de Japón a Madrid en una de sus giras y se le enfermó el contrabajista. El me llamó y trabajamos juntos en la radio, eso fue en el año 1962. De ahí él regresó a México donde murió. Creo que él era un año mayor que yo. Te cuento algo. El se quedaba dormido muy fácil. Un día, cuando trabaja en el cabaret Kursal, se quedó dormido. El ingeniero de sonido buscando de donde seguía saliendo ese ruido, hasta que se dio cuenta que era Pérez Prado que estaba dormido, con el dedo tocando una nota.

Su hermano Orestes tenía una formación musical increíble.
Mi hermano Orestes tocaba como diez instrumentos musicales, chelo, violín, contrabajo, piano, guitarra, trompeta, saxofón, y todos los dominaba muy bien.

¿Usted trabajó con Generoso Jiménez?
Sí, en las primeras descargas de esos años, con Generoso, con el negro Bibar, con Barreto, con Gustavo Tamayo, con Tata Guines y muchos más.

¿Por qué le decían El Tojo a Generoso?
Le decían El Tojo porque había un general en la segunda guerra mundial que era japonés que se llamaba así, y Generoso cuando era jovencito tenía los ojos como un chino. Un día comenzaron a decirle Tojo y se le quedó para siempre. Generoso y mi hermano Orestes eran compañeros de la Banda de la policía.

¿Usted viaja en muchas ocasiones a Estados Unidos antes de 1959?
Yo empecé a viajar a Estados Unidos desde el año 1948. Venía, pero no a tocar, porque aquí la Unión y el racismo eran muy fuertes, no se permitían músicos extranjeros. El primero fue Aspiazú, después Mario Bauzá y después Socarrás. Recuerdo cuando estuve en Miami en el año 1948,  y pedí una Coca cola en una cantina. Ellos no se negaron a servírmela, pero cuando les devolví el vaso vacío lo tiraron en la basura y dijeron,
aquí tomo un negro. En los hoteles teníamos que comer en las cocinas, no podíamos comer dentro del restaurante. En Cuba también el racismo era muy fuerte. Los negros tenían que pasear por fuera del parque y los blancos por dentro. Un negro sólo podía llegar a ser suboficial de la policía. Hasta ahí no más llegaba usted como militar si era negro, a una sola barra. El que acabó con eso fue Batista.

¿Por qué decide irse de Cuba?
Para mí lo más importante ha sido siempre la música. Yo no soy militar, no me gustaba ese régimen y nunca fui ni a la guerra del pan duro.

¿En qué año sale definitivamente?
Viví en La Habana hasta 1962, que salí para España con un contrato de trabajo. En España estuve un año y medio con la orquesta del maestro Ernesto Duarte. Madrid era la base y de ahí salíamos a trabajar a otros lugares de España. Después me trasladé para Estados Unidos en el año 63. Primero viví en Nueva York diez años y luego nueve años en Las Vegas.

En Nueva York pasé mucho frío. Cuando llegué a Las Vegas había 42 hoteles y mucho desierto. Con las tormentas de arena se ponía como si fuera de noche, no se podía ni respirar. Si te cogían fuera de la casa, en el carro, tenías que cerrarlo bien y ponerte a rezar para que eso terminara. Ahora ya no hay, hasta las dunas están pobladas. En Las Vegas trabajé en la compañía Latin Fire, que dirigía Manolo Torrente, era un grupo de muchachos latinos. Ahí estuve dos años, trabajé en casi todos los hoteles, el Hilton, el Tropicana y terminamos en el hotel La Hacienda. Eran hoteles-teatros. En 1978 me trasladé para Miami.

En Estados Unidos ha trabajado con todos los grandes músicos y orquestas.
Llegué el 21 de octubre de 1963. El día 22 de Noviembre mataron a Kennedy. Estábamos grabando y tuvimos que suspender la transmisión. La primera orquesta con la que trabajé fue con la de Charli Palmier. De ahí empecé a trabajar con todas las demás orquestas, con la de Fajardo, con la orquesta de Pacheco, con la que ya había tocado en la Feria Mundial del 54, con Tito Rodríguez y con Tito Puentes. Con Tito Puentes hacía trabajos esporádicos, nos presentábamos tocando solos. Trabajé con Ismael Rivera, Eddie Palmier, Vicentino Valdés, con la orquesta de Machito, que el director era Mario Bauzá. Llevo 80 años tocando, porque empecé a tocar desde muy joven, a los 8 años y ya voy a cumplir 89 años. He tenido la suerte de trabajar con todos los grandes músicos, primero en Cuba y luego aquí en Estados Unidos.


¿Regresaría a tocar en Cuba?
A tocar y ayudar si hay que hacerlo, yo voy con mucho gusto, pero no creo que por ahora se pueda hacer. A estas alturas ya hay muchos muertos sin necesidad. El pueblo y la familia están divididos. Un hijo denunciando a un padre, un padre denunciando a un hijo. Creo que con eso ya no se puede hacer nada. Quedamos en la página dos, cincuenta años es demasiado tiempo.



OLGA DIAZ (1936 - 2008)

Cuénteme de sus orígenes...Nací en un pueblo muy bonito, a las orillas del río Cauto, que se llama Palma Soriano, cerca de la Ermita de la Caridad del Cobre, llegando a Santiago de Cuba, en la Provincia de Oriente. Se veían a lo lejos las montañas violetas de mi bella Sierra Maestra o Sierra del Cobre. Todo esto fue parte de mi paisaje habitué. Mi madre fue Delfina María Parladé Echavarría, una bellísima mujer de Santiago de Cuba, muy culta y preparada, de un espíritu muy evolucionado para su época, fue doctora en farmacia. Tenía una linda forma de hablar, un lindo vocabulario. Mi padre era de Matanzas y fue viajante de calzado, era un hombre muy simpático. Nací en 1936, lo que me hace una preciosa mujer de 22 años. Fíjate que te dije de 22 años. Esa edad se convirtió por problemas de numerología en 72 años. La gente se preocupa por las arrugas del cuerpo, pero yo me preocupo por las arrugas del alma, así que mientras tenga mentalidad de 22 años, soy una mujer muy joven y feliz.

¿Qué valores le trasmitieron sus padres?
Tuve una familia muy interesante, porque eran inteligentes. A mí la gente inteligente es lo que más me gusta. No me interesan los problemas sociales, ni el dinero, los automóviles caros y barrios elegantes. Mi padre y mi madre eran unos individuos que se sentaban a conversar conmigo y sabían de lo que estaba hablando y eso a mí me fascinaba. Siempre estuve rodeada de música, de ‘cantadera’. Mis hermanas también cantaban y tocaban piano. Éramos cuatro hembras y un varón. Fue una linda familia. Después todos vinimos aquí por los problemas políticos que ya se saben y empezamos la dura tarea reconstruir nuestras vidas.

¿De niña iba usted a la Ermita de la Caridad del Cobre?
Sí, íbamos a pie al Cobre, era precioso, era siempre un remanso. Tengo mucha fe, es lindo tenerla y me ha ayudado mucho en la vida.

¿Y aquí en Miami va a la Ermita?

Ya cuando tienes a Jesús demasiado en tu corazón, no tienes necesidad de visitarlo tanto, él está contigo todo el tiempo. Aunque sé que no estoy correcta, que debería ir, pero tengo una haraganería regia que se llama cama los domingos, dormir un poquito más.

¿Por qué el piano?
En mi casa había un piano alemán precioso que mi mamá tocaba, pero lo tocaba ‘reguliche’. Yo sola fui adquiriendo el oído y sabía donde estaban las notas. Me senté en el piano una noche de verano en que estaban todos en el portal cogiendo fresco, la casa estaba oscura. Recuerdo que mi mamá decía, ¿pero quién está tocando el piano? Desde ese momento yo supe que iba a ser músico y que el piano iba a ser mi vida. Fue una cosa maravillosa, como jugar con un juguete, que era una caja que producía sonidos muy lindos.
Desde los cuatro años ya tocaba el piano, pero empecé a estudiarlo formalmente cuando tenía siete años, en la escuela primaria. También tomé clases de ballet, tenis, voleibol, basquetbol, natación y me gustaba correr, inclusive en competencias. Fui una niña muy activa, muy divertida. Después estudié en la Universidad de Oriente, allí me gradué, licenciada en música. Luego vino la revolución y trajo como consecuencia todos esos problemas.

¿En qué año salió de Cuba?

En 1959 gané una competencia de pintura en el Festival de las Américas, por el diseño de una bandera hispanoamericana y vine a recoger el premio, que eran mil dólares. En ese mismo tiempo vino la revolución y me quedé aquí, en Estados Unidos.
Parece que Dios me dio la facilidad de pintar para que yo saliera en ese momento, así fue. La bandera tenía el mapamundi, las Américas en blanco, con el océano en azul y el sol amarillo en forma de brújula. Representaba la unión geográfica que había entre las dos Américas. El blanco simbolizaba la pureza y el sol los rayos de libertad, que se supone cayeran sobre nuestra América. Hoy sólo nos dan los rayos de luz, pero no los de libertad.

¿Cómo empezó a reconstruir su vida fuera de Cuba?

Cuando vine ya no era tan adolescente, tenía 23 años, pero era adolescente de alma. Aquí en Estados Unidos seguí estudiando música, me gradué en la Universidad de Miami, donde hice un Máster en piano performance, música clásica.
En el año 60 conocí a un uruguayo y a los seis meses ya estábamos casados. Eso fue un amor fulminante, no hubo noviazgo, me fascinó. El se llamaba Mauricio Pancier, aquí yo soy Olga Díaz de Pancier, en Cuba era Olga Díaz Parlade. Tuve un hijo, Michael Anthony Pancier, que es abogado.
Yo tenía un ‘pianito reguliche’, donde practicaba mi poquito. Después de dos ó tres años de matrimonio, Mauricio me compró un piano que todavía lo tengo y que me encanta, un Kawai de cola, muy bueno. Mauricio murió en el año 1994, pero se quedó su gran amor alrededor mío. Fue un matrimonio maravilloso.
El exilio ha sido una etapa muy bella de mi vida. Aquí conocí los grandes talentos cubanos, los que realmente han estudiado y saben de música, como René Touzet, que era un señor músico. Toqué muchas veces sus obras clásicas y populares. Hicimos una maravillosa amistad y de esa amistad salieron muchos conciertos. He tocado con Mario Fernández Puerta, Robertico Lozano, con María Ciervide. Con Ciervide hice un dúo al principio de mi carrera que se llamaba “Las diferentes”. Fue muy hermoso para mí haberlos conocido, aprender de ellos. El exilio no paró el vuelo de mi mariposa, porque la vida de la mariposa es ir a las flores, a nutrirse de su polen, y para mi esos compositores han sido ese polen. Los encontré aquí y seguí nutriéndome de ellos. Espero que ese polen se riegue y que muchas personas sigan cultivando la música cubana, con toda la calidad que merece.

¿Cree que la música es el arte más sublime?

A través de la mirada, uno enseguida aprende porque los ojos transmiten inmediatamente el reflejo de lo que se está mirando. Por ejemplo, puedes distinguir diferentes tipos de arquitectura sin saber de arquitectura. Cuando empiezas a leer, la vista se te hace todavía más inteligente. Con el oído es más difícil, porque la música hay que aprender a escucharla primero. Creo que la música es la más difícil de todas las artes, no sé si es la más sublime y completa. La palabra o la pintura son igualmente maravillosas y en todas encuentro el lenguaje de Dios.

¿Se ha dedicado a la enseñaza del piano?
Creo que enseñar es una de las generosidades más grandes que puede tener un músico. Tengo muchas amigas, algunas son excelentes pianistas, otras son menos pianistas, pero son excelentes maestras. Yo no me he dedicado a enseñar porque soy regular pianista y también regular como maestra.

Está siendo modesta...

¡No! Yo no soy tan modesta, si me rascas un poquito empieza a salir el ego.

¿De quién heredó su sentido del humor?

Uno nace con su propia gracia o su propia desgracia, pero creo que parte de esa 'comiquería' mía cuando estoy en los conciertos se debe al humor criollo cubano. El ambiente cubano tiene que haber influenciado en mí.
Considero al cubano muy simpático, original y con agilidad mental. Cuando son pesados son insoportables. Los hay muy simpáticos, que son los que crearon el humor criollo, y los pesados que se convirtieron en parte de las bromas de los simpáticos. Incluso hay una frase en Cuba que dice -tú puedes ser cualquier cosa menos pesado-. En Cuba no podías llegar a ningún lugar, incluso a ser Presidente, si no eras simpático. Después no sé lo que pasó que cambio el humor criollo, pero algún día se recuperará aquella palabra que a mí me gustaba mucho, "sandunga". La sandunga criolla, era una especie de gracia especial que tenía el cubano.

¿Ha regresado a Cuba?

No, nunca más regresé a Cuba. Allí se me quedó el país, en sueños y en recuerdos. Recuerdos bellísimos, de colores y olores, del cariño con que me trataba la gente cuando era maestra. Cuando terminaba de estudiar en la Universidad de Oriente me iba a San Luis a dar clases de música. Siempre fue muy agradable la forma en que me trataban hasta los más infelices y pobres, con cariño, con respeto.

¿También canta?
Canto con una voz ‘reguliche’, pero le pongo una especie de estilo, de personalidad. Me gusta cantarle al amor, aunque a veces la gente me dice  -ya no estás para eso-, y yo les digo, -para el amor no hay edad-.

¿Quién es el músico más grande que ha dado Cuba?

Yo me complazco mucho con una canción que hicieron Orlando y Mara que se llama “Cuba es su música".
Touzet fue una maravilla de compositor, de danzas clásicas cubana y canciones populares. De Lecuona me gustan sus canciones, pero como no soy cantante lírica me voy para la parte pianística. Me encantan sus danzas afrocubanas, aunque igual, escucho “María la O” y me siento arrullada por esa melodía. Me encanta Eduardo Sánchez de Fuentes en la música popular, Cervantes y su música clásica, Manuel Saumell. Entre los grandes compositores de música contemporánea mi maestro es Aurelio de la Vega. En jazz lo más grande que ha dado Cuba es Chucho Valdés. Me encanta el padre, pero creo que el hijo tiene unos vuelos de mariposa más amplios. Es dificilísimo lo que hacen y de una calidad tremenda.

¿Cómo era René Touzet?

Era un hombre alto delgado, con un carácter muy especial, una seriedad preciosa sobre la música, por eso le tengo mucho respeto. Era una persona realmente encantadora. A él le debo mucho, me enseñó gran parte de lo que sé hoy.

¿Qué música prefiere?

La música del siglo XX y del siglo XXI es una música que tiene las aristas lógicas de los tiempos que estamos viviendo, que no son siglos de carruajes como en la época de Chopin, cuando todo era más romántico. Ahora es un poco más ácido y más fuerte, pero es interesante poder entender y descubrir tu siglo y saber que eres parte de él. Musicalmente hablando me gusta mucho el pasado, pero también me gusta el presente.

¿Por qué el cambio hacia la música popular?

Incursiono en la música popular porque fue la que me permitió sobrevivir aquí. Yo no era suficientemente buena en lo clásico. Hay muchos músicos clásicos que son extraordinariamente buenos, pero yo no llegué a esa calidad.

¿Cómo es su día a día?

Para mí todos los días son una aventura; por ejemplo, hoy empecé el día con una entrevista, yo pensaba que venías en la tarde y llegaste en la mañana. Después toco un poco de música y voy a cocinar algo. Mi querida amiga Yaya, viene a arreglarme la casa, porque soy un poco desordenada. Si regresas más a menudo, aquí siempre vas a encontrar alegría, algo de comer y un café. ¿Quieres un cafecito?

Por supuesto que sí , muchísimas gracias.

Tú ves que ese cafecito es importante, no puede faltar en una casa cubana. Cuando yo hago café o arroz con pollo, me huele a Cuba. Cuando la lluvia empieza a mojar la tierra, me huele a Cuba. El olor es un sentido importante, que veces la gente descuida. Cuando mi hijo Michael tenía como cinco o seis años, yo aprendí a hacer pastel de manzana. Al principio lo hacía con muchos errores, una vez quedó tan duro que la persona a la que se lo di me dijo, el diente se me quedó pegado en la manzana. Recuerdo un día que Michael me dijo, mami, me encanta el olor cuando estás haciendo pastel de manzana, huele a hogar. Hace más tiempo que no lo hago.

¿Le gusta cocinar?

Me encanta cocinar y todo lo que cocino me queda sabroso, pero eso fue después de muchos experimentos fallidos. Cuando yo vine para acá no estaba preparada para ser ama de casa, sino para ser pianista. Me casé con el uruguayo temprano, a los 21 ó 22 años. El cocinaba muy bien la comida de allá, pastas y carnes, pero toda mi comida salía roja y él me decía, nosotros nos somos chinos.

¿Enseñó a tocar el piano a su hijo?

El estudió piano como cinco años, pero gracias a Dios se fue de la música. Yo quería que fuera músico y al mismo tiempo no, así que le decía, ¡ay niño que te mueres de hambre!
La gente tiene la tendencia a querer triunfar y la música no es para triunfar, es sólo un privilegio de Dios. Si vas a dedicarte a ella como medio de vida te vas a dar cuenta que no es fácil. Triunfar es también un privilegio que Dios les da a algunos pocos, no a todo el mundo. No es porque seas mejor ni peor, son las casualidades, los accidentes, con quien estás, en qué momento vino alguien a ayudarte, son muchos factores los que hacen que las personas triunfen en su recorrido por esta vida.
En la música es muy difícil. Yo estuve trabajando toda mi vida tocando piano en hoteles. Estuve 30 y pico de años tocando en el hotel Doral Country Club. La gente ahora me dice,
¿y no te descubrió nadie, y por qué no grabas cds?No, a mí la gente me aplaudía mucho, pero nunca se acercó nadie a decirme, te descubrí. A mí no me gusta grabar, me gusta que la gente vaya a verme a los conciertos.

¿Qué valores trasmitió a su hijo?

Aquí la vida es compleja, quisiera ver a mi hijo y a mis dos nietos todos los días, pero por las distancias no puede ser. Siempre le digo a mi hijo una cosa, cuando tú caminas detrás de ti está Dios, pero detrás de Dios estoy yo, donde quiera que vayas.

¿Y un regalo valioso que agradece a la vida?

Todos los días me levanto a las cinco de la mañana a caminar, porque va a hacer dos años que me operaron de corazón abierto. Estuve bastante malita, pero viví. Me dieron el 'second chance' así que ahora quisiera tener el control absoluto para que nadie ni nada me incomodara.

¿Si hubiera un cambio en Cuba le gustaría regresar?

Yo detesto hablar de política, la odio, porque estoy aquí en este país por culpa de ella. Adoro la democracia. El derecho a hablar, como lo estoy haciendo contigo, es un derecho con el cual nací y que nadie me puede quitar. Detesto las dictaduras, ya sean de izquierda o de derecha. El individuo que queremos que nos gobierne tiene que ser escogido, como mismo escogemos a Jesús o a Buda.
Claro que me encantaría regresar si hubiera un cambio en Cuba. Yo sé que el vuelo mío se quedó en otra dimensión. Algún día si Dios me da esa vida me gustaría llevarles un poco de alegría y optimismo, de lo que he aprendido en este país libre, de oportunidades tan maravillosas. La vida es la evolución del espíritu y el espíritu evoluciona por medio de la bondad, de la comprensión y de la tolerancia, si no existen esas cosas no vale la pena ni estar vivo.

¿Qué sería lo primero que haría?

Ir a la tumba de mi abuela, una bella mujer, a la que admiraba mucho. Gracias a ella y a mi madre estoy orgullosa de ser cubana. Eran ese tipo de mujeres que están hechas con la fortaleza del cedro, pero la dulzura del mango.

Friday, February 20, 2009

PAQUITO D' RIVERA


Yo redescubrí la música cubana a orillas del Hudson.
-Paquito D' Rivera-

Decía Vladimir Nabokov en “Habla memoria”, “que escudriñar la infancia es lo que más se parece a escudriñar la propia eternidad”. ¿Le sucede igual al recordar su infancia en La Habana?Sí, y por eso mismo escribí mi novela ¡Oh, La Habana!, porque de niño, como me crié entre artista, músicos, periodistas, actores, tuve una infancia sui generis. Mientras los demás niños jugaban a la pelota en el placer de enfrente, yo correteaba con las bilarinas durante los descansos en los ensayos de Tropicana. En esa novela, aunque los personajes––casi todos reales–– van desde Burundi a Egipto, pasando por Buenos Aires y otros puntos del planeta, el personaje central es precisamente la hermosísima ciudad de La Habana, ciudad que inspiró a escritores, poetas, músicos y paisajistas de 5 siglos; desde Nat King Cole hasta Anasta Mikotyan, ministro de industrias de la URSS.
¿Cuáles son los principales recuerdos de sus padres?


Estudiaba su saxofón tenor 26 horas al día, y uno de mis recuerdos más gratos es cuando me llevaba a pasear la bellísima calle Monte, a mirar vidrieras, que eran luminosas y bellísimamente decoradas. En las navidades los comerciantes sacaban los juguetes a unos kioskos improvisados en las aceras de aquella calle tan linda.
En el invierno de 1977, durante un viaje del grupo Irakere a Montreal, Canadá, pude, a escondidas y después de 9 años separados, reunirme con mi hermana Rosarito, mi padre y mi madre, que era la mismí­sima mujer encantadora de sonrisa amplia y amable, que en los momentos más difíciles nos hacia creer que, con ella cerca todo saldrí­a a pedir de boca. Yo no quiero ni imaginar que hubiera sido de todos nosotros, si no hubiéramos tenido siempre presente la sonrisa eterna de esta dama de acero y seda.

“NY es como estar en todos lados” ¿La ciudad de Nueva York ha logrado ahogar ese vicio de nostalgia de casi todo exiliado?
New York es la ciudad de mis sueños desde que mi padre trajo a casa aquel LP de Benny Goodman, en vivo en Carnegie Hall (“yo entendí carne y frijol”). Aunque el frio no me gusta, amo profundamente a esta ciudad a la vez altanera y generosa, incluso desde antes de conocerla. Yo siempre supe que había un sitio para mí entre las fieras de esta jungla divina, y mi madre me lo pronosticó mucho antes de que la idea de venir a establecerme aquí cruzara mi mente.
En cuanto a la nostalgia, eso es algo inherente a casi todos los exiliados, y la peor nostalgia es la de cosas que ya no existen porque han sido destruidas, como la ciudad de La Habana que yo conocí. La Habana de Cabrera Infante.
El difunto pintor cubano exiliado en Mexico Miguel Cubiles escribió una vez que “El pensar en La Habana no es recuperar emociones, sino inventar pasados.”
¿Un apartamento en la otra Cuba, sería una buena opción para escapar cada año del invierno de NY?Esa es una imagen que me martilla en la cabeza muy frecuentemente; sobretodo en estos días en que hemos estado haciendo “research” para comprar un sitio donde huirle al “fricandó” cuando se ponga “mu pelú” por acá. Pero bueno, como dicen los gringos, date prisa y espera… y en eso ya llevamos casi medio siglo.¿Cómo se imagina exactamente ese día que pueda volver a tocar en Cuba?
Ni la más mínima idea. Ya sé que encontraré mucha gente conocida, pero en general, supongo que será un país mayormente extraño para mí; aunque no por ello menos entrañable.
Cabrera Infante dijo en alguna ocasión refiriéndose a la parte negativa de su agridulce exilio “me ha hecho perder mi lector natural que es, por supuesto, un cubano y si es posible un habanero. Y eso ha sido para mí un conflicto porque mis libros están prohibidos en Cuba". Salvando las diferencias de leguajes artísticos (literatura vs. música) ¿de alguna manera ha experimentado lo mismo o ha sufrido la falta de ese contacto directo con esa parte del público cubano que sigue allí ‘islado’?
Soy cosmopolita por naturaleza, y siempre–– inclusive estando aún en Cuba–– he tratado de “universalizar” mi arte, sin perder por esto mi cubanía. Yo viajo con latas de frijoles en mi maleta cuando voy a Japón por largas temporadas; regalo guayaberas, discos de Álvarez Guedes (tiene uno en inglés fenomenal) y latas de cascos de guayaba a mis amigos de otras nacionalidades; pero me aburriría vivir en un sitio donde no hubiera gente de distintas razas, costumbres y lenguas. Lo mismo cuando toco que cuando compongo o escribo literatura o artículos, casi siempre incluyo un poco de mi “cubichismo”, pero también me encanta aprender y usar elementos de otras culturas. Soy un cubiche globalizado.
“Se puede sacar a un cubano de Cuba, pero no a Cuba de un cubano”. Cándido Camera.
¿Podría sustituir el gentilicio cubano por el nombre de Paquito de Rivera? ¿Que parte de Cuba lleva consigo cada día?

Llevo la parte linda; las cosas feas, como que las bloqueo. Mira, por ejemplo ahora estoy trabajando en un libro que llamaré “Paisajes y Retratos”, y ya tengo unos cuantos retratos de cubanos que alegraron a Cuba y al mundo; gente como Cachao, Germán Pinelli, las Hermanas Márquez, Fernando Mulens y Juana Bacallao. Eso entre otros no cubanos, como Benny Goodman, Dizzy Gillespie y Lionel Hampton. “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, dijo el Papa (aunque a mi mas bien me sonó a Cantinflas en aquel momento).
"Después del éxito que obtuvimos con un ciudadano ilustre como Bebo Valdés alrededor del mundo, cuando fui a su propio país se me recomendó que ni siquiera mencionara su nombre. Toqué con su hijo, Chucho, quien lo sustituyó en el piano, y no pude mencionar a su padre". Cigala.
¿Cree que esta actitud de algunos ‘cubanos de aquí y de allá’, son posturas extremas que finalmente se tocan?

Esa pregunta la contestaré con el siguiente fragmento de un excelente artículo de Roger Hernández en el New York Post, sobre la controvertida actuación de Los Van-Van en Miami años atras:

Es cierto que Los Van-Van hacen buena música cubana bailable. Los miembros del grupo son músicos pop de primera línea con una formación de conservatorio, una tradición que se remonta en Cuba por lo menos a los años treinta. Sus canciónes no son precisamente politicas, pero esas canciónes tampoco tienen que llevar un contenido politico, ya que la presencia de Los Van Van en los Estados Unidos ya de por sí lo es. Este principio fue muy bien comprendido en los días de la lucha contra el apartheid.

En 1985, Bob Dylan, Bono, Ringo Starr, Jackson Browne, Gu Scott-Heron, Sting, Run-DMC y otras luminarias del pop se reunieron junto a Bruce Sprigsteen y el guitarrista Steve Van Zandt para grabar "Ain't Gonna Play Sun City " (No tocaré en la Ciudad del Sol), un himno rockero exhortando a sus colegas músicos a negarse a tocar en aquella zona de casinos de juego en Sur Africa, en protesta por el apartheid.
El video fué ampliamente divulgado en MTV y por supuesto que tuvo el efecto deseado. Una gran mayoría de los músicos internacionalmente reconocidos se mantuvieron fuera de Sudafrica. Frank Sinatra se atrevió a cantar en Sun City y resultó fuertemente criticado.
De la generacion más jóven, Paul Simon fué a Sudafrica en ese tiempo, y por ello fué amenazado con ponerlo en la lista negra por parte del Centro de las Naciones Unidas contra el Apartheid; Y eso que se presentó no ante un público de racistas blancos en Sun City sino en Johannesburg, con disidentes músicos negros de Soweto, como Ladysmith Black Mambazo.
" Ain't Gonna Play Sun City ,", por supuesto no derrumbó solo al régimen de minoría blanca, pero la canción estaba acorde con la iniciativa de la ONU de prevenir cualquier acercamiento cultural, académico, deportivo o cualquier tipo de intercambio con el país africano. Esta campaña internacional de aislamiento fue el arma más potente al servicio de Nelson Mandela y el movimiento anti-apartheid. Fué lo más acertado para hacer entonces y la medida ayudó muchísimo en acabar con el apartheid.
No obstante, por alguna razón, el mismo principio no se aplica cuando se trata de la Cuba de Castro. La ONU quiere que el embargo sea levantado y las estrellas del rock no se han juntado para demandar el fin del abuso contra los derechos humanos cometidos sistemáticamente por el gobierno cubano. Los americanos amantes de la música no piensan más que en darle todo su apoyo entusiasta a una banda que (déjame ser lo más caritativo que pueda con Los Van Van), en más de 30 años de existencia, no ha tenido nada malo que decir acerca de un gobierno que desde 1959 ha aplastado todo tipo de libertades; Y cuando los cubano-americanos protestan su presencia en sus predios, estos no son vistos como gente peleando por la libertad de su tierra natal, sino como un bando de trogloditas de extrema derecha a favor de la censura.
“Sin embargo creo que el desarrollo de cada música está en el país de origen. Fuera se pone un poco melancólica. Claro, eso también ayuda. Yo redescubrí la música cubana a orillas del Hudson”.
¿Siente que el mar y la otra orilla son pérdidas temporales?

La letra del himno de mi país dice en una estrofa, que vivir en cadenas es vivir en afrentas y oprobio sumido. No soy amigo al melodramatismo, pero si creo firmemente en la aplicación práctica de este concepto. Por otra parte, yo soy fundamentalmente un músico de formación clásica que hace Jazz; un estilo musical producto de una sociedad eminentemente multicultural (¡como hecho a la medida para mí!) . No me dedico generalmente a la música popular bailable de Cuba, cuyo desarrollo, insisto está en su país de orígen, independientemente, o inclusive a pesar del régimen político.
“El carácter cubano se agiganta con la distancia”
¿Sucede igual con el lugar y valor que viene a ocupar entonces la música cubana en nuestras vidas?

“Yo descubrí a Cuba a orillas del Sena”, dijo Lydia Cabrera, y yo creo que me gradué de cubano ya después de algunos años de exilio. Es innegable que la distancia agiganta la imagen del terruño. “Usted es un cubano profesional”, me dijo mi mujer portorriqueña el día que nos conocimos en un studio de grabaciones en New York.
Estoy orgulloso de compartir mi nacionalidad con Carlos J. Finlay, Martí, Lecuona, Lezama Lima, Celia, Reinaldo Arenas, Luis Carbonell, Bebo, Chucho, Chirino, Bujones, Carlos Alberto (¡y Rita!) Montaner, Andy García, Zoé Valdés y Rolando Lasserie.

“Y las dictaduras de derecha. La pones frente a un espejo y está a la izquierda”. Y un gobierno republicano, “democrático”, como el de Bush, ¿desde cual reflejo del espejo se puede ver?
Al igual que me revientan muchísimo los crueles comentarios de ciertos críticos musicales que desde la comodidad de sus butacas (pagadas casi siempre por el diario en que trabajan) atacan inmisericorde e irresponsablemente la labor de artistas que con devoción de años han preparado un espectáculo, también me cuesta mucho trabajo juzgar a un tipo cuya bienvenida a la presidencia fue el derrumbe de dos de los edificios más importantes de su país y la muerte de miles de conciudadanos. Tampoco me atreví a juzgar a Bill Clinton cuando varias embajadas americanas fueron voladas en África y sus muchos detractores lo acusaban de no haber hecho nada. ¿Y qué iba a hacer?, ¿O es que podemos creer que el hombre quería que una atrocidad como aquella sucediera, o que Bin-Laden se le iba a presentar arrepentido?. Ese puesto de presidente americano es una papa caliente que yo no la quiero ni regalá; pero la realidad, y aunque parezca un disparate, el terrorismo internacional le es muchísimo más conveniente y útil tener en el poder un gobierno del corte del de Geoge Bush, para así poder “justificar” sus acciones. Total, que se van a tirar tiros a casa de Yuca y al barbudo no le lanzan ni un ‘gollejo’ hace casi medio siglo. Yo estoy loco porque en Cuba descubran petróleo, a ver si los gringos se apiadan de nosotros y nos ayudan a recuperar el habla (como a Don Rafael del Junco).

“Hay pueblos que no protestan, emigran”. “No se puede exigir en la vida ni amor ni valentía”. ¿Cree que la emigración cubana ha sido definitivamente un modelo de protesta?
También alguien mas sabio que yo dijo que “Cuando los pueblos emigran, los gobernantes sobran”, pero no podemos olvidar a los valientes que se quedan y hablan, y protestan, y van a la cárcel. Cada postura tiene su propio valor, solo que cumplen roles diferentes, los que se van y los que se quedan. Entre los que no se les puede exigir valentía están muchos, la mayoría de los músicos cubanos que salen al extranjero a representar la dictadura, con el flaco pretexto de mejorar la existencia de sus familiares. No se dan cuenta de que lo que hacen es prolongar las humillaciones y la miseria de sus familias y de todas las familias de Cuba. Yo en mi caso prefiero llorar sobre un plato de arroz con frijoles en el exilio a morirme de un infarto esperando un guagua fantasma que me lleve pa’ Marianao desde la Habana Vieja.
¿Cómo Borges, puede seguir viendo “asombro donde otros ven costumbre”?
El día que deje de asombrarme de las cosas que veo a diario en este New York mágico y en muchas otras partes del mundo donde me lleva mi noble profesión, es que estaré muertísimo.
Y a propósito de Borges (que a veces decía cosas imperdonables), cuentan que al llegar de adolecente a Suiza: –– “Como buen americano pregunté quien era el presidente de aquel país, a lo que los suizos que me recibieron, con honda vergüenza contestaron que ninguno sabía el nombre del mandatario… Desde entonces me di cuenta ¡de que era aquel un gran país!”––
¿Qué futuro avizora para Cuba?
Peor que esto, nada.

“La mitad de mi corazón es brasileño”, ¿y la otra mitad, se queda en NY o en Cuba?


No se queda, “conmuta” de una orilla a otra. Acuérdate de aquel son montuno que decía: Yo soy guajiro, vivo en el monte, y tengo un sitio en la loma.

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